sábado, 12 de mayo de 2012

El mandato familiar y los síntomas de la EM

Una madre sometida por un marido dominante puede trasmitir a su hijo/a su propia incapacidad de salirse de ese encierro.

Igual que los ordenadores, que tienen sistemas muy complejos de procesamiento y discos duros profundamente incrustados, nuestras mentes tienen en el disco duro programas instalados de alguna manera que funcionan casi automáticamente. Hay que dar nueva información, y limpiar el disco duro.

Los mandatos familiares muchas veces son limitantes. Esta clase de mandatos condicionan fuertemente nuestro desarrollo, porque nos imponen todo lo contrario de lo que podríamos describir como educación: imponen convicciones, conductas, caminos, ideas, miedos, castigos, disciplinas, imponen todo un ejercicio o una ideología sobre la vida que nos limita, nos estrecha, y hasta a veces incluso nos enferma.

La mayoría de estos mandatos son inconscientes. A veces son tan desmesurados que los tornamos consientes. Pero eso no alcanza a veces para liberarse de ellos.

Se produce la acción mancomunada y tácita de acoso y derribo psicológico que llevan a cabo varios familiares, entre los que se halla un instigador perverso narcisista o psicópata socialmente integrado que conscientemente desea neutralizar, eliminar o expulsar a otro familiar.

Las expresiones chivo expiatorio, cabeza de turco, oveja negra y patito feo describen y explican efectos y aspectos que hacen más comprensible este devastador fenómeno.

Acosar a alguien en su entorno habitual supone condenar a la víctima a su total desestabilización psicológica, afectiva, económica y social. El resultado puede ser el desarraigo, la marginalidad, la asunción de hábitos auto-destructivos (tabaquismo, alcoholismo, drogodependencia, etc.) o, frecuentemente, es la causa de que la víctima, se vea incapaz de recuperar el equilibrio perdido.

Efectos en la salud física

•Efectos cognitivos e hiperreacción psíquica:

Dificultad para concentrarse. Depresión. Falta de iniciativa. Irritabilidad. Agitación. Agresividad. Sensación de inseguridad. Hipersensibilidad.

estrés:

Dolores de estómago. Vómitos. Falta de apetito. Llanto persistente. Dolores de espalda dorsales y lumbares. Dolores cervicales. Dolores musculares. Hiper o Hipotensión arterial.

•Síntomas de desajuste en el sistema nervioso autónomo:

Sudoración. Sequedad de la boca. Palpitaciones. Sensación de falta de aire.

•Trastornos del sueño:

Dificultad para conciliar el sueño. Sueño interrumpido. Despertar temprano. Cansancio y debilidad.

Secuelas psicológicas

•Desestabilización emocional.

•Auto-culpabilización.

•Perdida de auto-confianza.

•Perdida de auto-estima.

•Asunción de malos hábitos auto-destructivos (Tabaquismo, alcoholismo, drogadicción, desviaciones en el comportamiento diario, paranoia o delirios producidos por el miedo al acoso, desviaciones sexuales y/o alimentarias, psicopatía imitativa y marginación psico-social)

•Pesimismo y pensamientos negativos y/o apocalípticos.

•Depresión (Producida por la indefensión de la víctima).

•Pensamientos y actos suicidas.

•Actitudes vengativas.

•Tendencias reclusivas o evasivas que pasan a formar parte de la psique de la víctima.

Para la víctima el mandato familiar negativo se manifiesta, ante todo, a través de problemas de salud relacionados con la somatización de la tensión nerviosa.

La persona afectada puede presentar diversas manifestaciones de patologías psicosomáticas desde dolores y trastornos funcionales hasta trastornos orgánicos: palpitaciones, temblores, desmayos, dificultades respiratorias, gastritis y trastornos digestivos, pesadillas, sueño interrumpido, dificultad para conciliar el sueño, dolores de cabeza y/o de espalda, entre las dolencias más frecuentes.

Para que uno sea poderoso, otro tiene que ser impotente. GEORG W. F. HEGEL

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